martes, 24 de marzo de 2015

LUCIO BLANCO



General José Lucio Blanco Fuentes fue un general mexicano que participó en la Revolución mexicana.

Lucio Blanco nació el 21 de julio de 1879, en Villa de Nadadores, Coahuila, hijo del comerciante Bernardo Blanco y de un ama de casa llamada María Fuentes, quien durante su desarrollo escolar anduvo en distintos lugares como Saltillo, Texas y Múzquiz, donde se destacó por ser un estudiante distinguido. Blanco fue de los primeros hombres en seguir a Venustiano Carranza contra Victoriano Huerta, en febrero de 1913, además de ser uno de los firmantes del Plan de Guadalupe. Según señala la historia, el general Lucio Blanco Fuentes nunca se casó y su familia directa no ha conocido aún ningún descendiente directo de él.

Lucio Blanco Fuentes, ingresa a las filas de los hermanos Flores Magón en 1906. Participa en la revolución de 1910 y al triunfo de Madero, combate a los sublevados orozquistas y obtiene el grado de Teniente Coronel en 1911. Después de la Decena trágica, la que culmina con la traición y asesinato de Madero por Victoriano Huerta, Lucio Blanco combate al gobierno de Huerta incorporándose a la Revolución Constitucionalista firmando el Plan de Guadalupe el 26 de marzo de 1913, su hermano menor Bernardo Blanco Fuentes, nacido en Múzquiz en 1892 que era Teniente bajo su mando, también firmó.

De origen campesino, militó desde 1909 en las filas antirreleccionistas y fue de los partidarios de Madero. Al producirse la rebelión armada se afilió a ella. Una vez triunfante, sirvió al gobierno maderista contra la rebelión orozquista.

Fue de los primeros en seguir a Venustiano Carranza contra Victoriano Huerta en febrero de 1913; fue uno de los firmantes del Plan de Guadalupe y con el grado de Teniente Coronel comandó el Regimiento de “Libres del Norte”, con sesenta soldados. En los primeros días de junio de 1913, las fuerzas revolucionarias al mando del general José Lucio Blanco Fuentes, tomaron la ciudad de Matamoros, Tamaulipas; en breve, el general revolucionario formó una comisión agraria, que el 6 de agosto rindió su informe sobre los trabajos que había realizado a favor de “las clases desheredadas del país” y, en seguida, el general, acompañado de sus hombres de confianza como Francisco J. Mújica, Heriberto Jara, Manuel Urquidi y Juan Barragán, procedió a fraccionar la hacienda “Los Borregos”, propiedad de Félix Díaz. Con este reparto de tierras, Lucio Blanco entra a la historia como un agrarista pionero en la materia. Esta intrépida acción lo enemistó con Venustiano Carranza quien le quitó el mando de sus tropas y lo mandó a Sonora bajo las órdenes de Álvaro Obregón. Aceptó ponerse bajo el mando de Álvaro Obregón y al frente de la caballería del Cuerpo del Ejército del Noroeste, en la que también destacó Rafael Buelna, realizó grandes hazañas, como los ataques a Orendáin y El Castillo, donde se derrotó al general Mier.

Su relación con Álvaro Obregón, Venustiano Carranza y Pablo González Garza fue la típica entre grandes personalidades cuyo éxito depende del opacamiento del otro. En términos militares Blanco se caracterizó por su ímpetu; en la política por su independencia. Blanco fue el caudillo militar favorito de la simpatía y del éxito en los albores del movimiento, opina Juan Barragán. No creo que la Revolución haya producido otro caudillo militar del empuje y arrastre de Lucio Blanco.

Asistió a las primeras juntas de Convención de Aguascalientes, en la que se eligió a Eulalio Gutiérrez Ortiz como presidente interino de México. Al tener que volver al combate a lado de Villa, dejó como representante al Coronel Ramón Ollervides. En los días de la Convención de Aguascalientes figuró en primera línea y el gobierno emanado de esa asamblea tuvo como ministro de Guerra a Lucio Blanco. Ante la escisión de 1914, dejó el Ejército Constitucionalista y se unió a la Convención. Como era jefe militar de la Ciudad de México, su postura obligó a Venustiano Carranza a buscar refugio en Veracruz. Durante el gobierno de la Convención figuró en Primera Línea como secretario de gobernación durante la presidencia de Eulalio Gutiérrez Ortiz. Por su enemistad con Francisco Villa, el pertenecer al grupo independiente de la Convención lo hizo salir del país, a Estados Unidos.

Regresó poco después apoyando a Venustiano Carranza, pero fue aprehendido y juzgado por un consejo de guerra, siendo defendido con éxito por José Urueta.

El Triunfo del Plan de Agua Prieta lo lanzó de nuevo al exilio, pero desde Texas, junto con Francisco Murguía, tramó un complot para vengar a Carranza e iniciar un movimiento antiobregonista. Con engaños fue invitado por Ramón García que trabajaba para Álvaro Obregón a cruzar el Río Bravo para ir a Nuevo Laredo a entrevistarse con un coronel del Ejército Mexicano. Accedió Lucio Blanco a cruzar el Río Bravo acompañado de Ramón García y el coronel Aurelio Martínez, al momento de abordar, Ramón García, tiende una mano a Lucio Blanco como para ayudarlo y en ese momento le pone una esposa en la mano derecha, el otro aro lo coloca en la mano izquierda del coronel Martínez. Como ya estaba planeado, del lado mexicano ya los estaban esperando 20 hombres del 40 regimiento con el comandante de la aduana Jesús Anaya Terán. Lucio Blanco se avienta al agua y se lleva con él a Ramón García y al coronel Martínez, el comandante Anaya con sus hombres empiezan a disparar sin importarles matar también al traidor Ramón García. Este último y el coronel Martínez son heridos y muertos y el peso del cuerpo del coronel Martínez impide a Lucio Blanco nadar y muere ahogado. Los cuerpos de los tres son encontrados flotando sobre las aguas del Río Bravo.

lunes, 23 de marzo de 2015

SANTO TORIBIO



Nació en Mayorga, España, en 1538.

Los datos acerca de este Arzobispo, personaje excepcional en la historia de Sur América, producen asombro y maravilla.

Los historiadores dicen que Santo Toribio fue uno de los regalos más valiosos que España le envió a América. Las gentes lo llamaban un nuevo San Ambrosio, y el Papa Benedicto XIV dijo de él que era sumamente parecido en sus actuaciones a San Carlos Borromeo, el famoso Arzobispo de Milán.

Toribio era graduado en derecho, y había sido nombrado Presidente del Tribunal de Granada (España) cuando el emperador Felipe II al conocer sus grandes cualidades le propuso al Sumo Pontífice para que lo nombrara Arzobispo de Lima. Roma aceptó y envió en nombramiento, pero Toribio tenía mucho temor a aceptar. Después de tres meses de dudas y vacilaciones aceptó.

El Arzobispo que lo iba a ordenar de sacerdote le propuso darle todas las órdenes menores en un solo día, pero él prefirió que le fueran confiriendo una orden cada semana, para así irse preparando debidamente a recibirlas.

En 1581 llegó Toribio a Lima como Arzobispo. su arquidiócesis tenía dominio sobre Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia, Chile y parte de Argentina. Medía cinco mil kilómetros de longitud, y en ella había toda clase de climas y altitudes. Abarcaba más de seis millones de kilómetros cuadrados.

Al llegar a Lima Santo Toribio tenía 42 años y se dedicó con todas sus energías a lograr el progreso espiritual de sus súbditos. La ciudad estaba en una grave situación de decadencia espiritual. Los conquistadores cometían muchos abusos y los sacerdotes no se atrevían a corregirlos. Muchos para excusarse del mal que estaban haciendo, decían que esa era la costumbre. El arzobispo les respondió que Cristo es verdad y no costumbre. Y empezó a atacar fuertemente todos los vicios y escándalos. A los pecadores públicos los reprendía fuertemente, aunque estuvieran en altísimos puestos.

Las medidas enérgicas que tomó contra los abusos que se cometían, le atrajeron muchos persecuciones y atroces calumnias. El callaba y ofrecía todo por amor a Dios, exclamando, "Al único que es necesario siempre tener contento es a Nuestro Señor".

Tres veces visitó completamente su inmensa arquidiócesis de Lima. En la primera vez gastó siete años recorriéndola. En la segunda vez duró cinco años y en la tercera empleó cuatro años. La mayor parte del recorrido era a pie. A veces en mula, por caminos casi intransitables, pasando de climas terriblemente fríos a climas ardientes. Eran viajes para destruir la salud del más fuerte. Muchísimas noches tuvo que pasar a la intemperie o en ranchos miserabilísmos, durmiendo en el puro suelo. Los preferidos de sus visitas eran los indios y los negros, especialmente los más pobres, los más ignorantes y los enfermos.

Logró la conversión de un enorme número de indios. Cuando iba de visita pastoral viajaba siempre rezando. Al llegar a cualquier sitio su primera visita era al templo. Reunía a los indios y les hablaba por horas y horas en el idioma de ellos que se había preocupado por aprender muy bien. Aunque en la mayor parte de los sitios que visitaba no había ni siquiera las más elementales comodidades, en cada pueblo se quedaba varios días instruyendo a los nativos, bautizando y confirmando.

Celebraba la misa con gran fervor, y varias veces vieron los acompañantes que mientras rezaba se le llenaba el rostro de resplandores.

Santo Toribio recorrió unos 40,000 kilómetros visitando y ayudando a sus fieles. Pasó por caminos jamás transitados, llegando hasta tribus que nunca habían visto un hombre blanco.

Al final de su vida envió una relación al rey contándole que había administrado el sacramento de la confirmación a más de 800,000 personas.

Una vez una tribu muy guerrera salió a su encuentro en son de batalla, pero al ver al arzobispo tan venerable y tan amable cayeron todos de rodillas ante él y le atendieron con gran respeto las enseñanzas que les daba.

Santo Toribio se propuso reunir a los sacerdotes y obispos de América en Sínodos o reuniones generales para dar leyes acerca del comportamiento que deben tener los católicos. Cada dos años reunía a todo el clero de la diócesis para un Sínodo y cada siete años a los de las diócesis vecinas. Y en estas reuniones se daban leyes severas y a diferencia de otras veces en que se hacían leyes pero no se cumplían, en los Sínodos dirigidos por Santo Toribio, las leyes se hacían y se cumplían, porque él estaba siempre vigilante para hacerlas cumplir.

Nuestro santo era un gran trabajador. Desde muy de madrugada ya estaba levantado y repetía frecuentemente: "Nuestro gran tesoro es el momento presente. Tenemos que aprovecharlo para ganarnos con él la vida eterna. El Señor Dios nos tomará estricta cuenta del modo como hemos empleado nuestro tiempo".
Fundó el primer seminario de América. Insistió y obtuvo que los religiosos aceptaran parroquias en sitios supremamente pobres. Casi duplicó el número de parroquias o centros de evangelización en su arquidiócesis. Cuando él llegó había 150 y cuando murió ya existían 250 parroquias en su territorio.

Su generosidad lo llevaba a repartir a los pobres todo lo que poseía. Un día al regalarle sus camisas a un necesitado le recomendó: "Váyase rapidito, no sea que llegue mi hermana y no permita que Ud. se lleve la ropa que tengo para cambiarme".

Cuando llegó una terrible epidemia gastó sus bienes en socorrer a los enfermos, y él mismo recorrió las calles acompañado de una gran multitud llevando en sus manos un gran crucifijo y rezándole con los ojos fijos en la cruz, pidiendo a Dios misericordia y salud para todos.

El 23 de marzo de 1606, un Jueves Santo, murió en una capillita de los indios, en una lejana región, donde estaba predicando y confirmando a los indígenas.
Estaba a 440 kilómetros de Lima. Cuando se sintió enfermo prometió a sus acompañantes que le daría un premio al primero que le trajera la noticia de que ya se iba a morir. Y repetía aquellas palabras de San Pablo: "Deseo verme libre de las ataduras de este cuerpo y quedar en libertad para ir a encontrarme con Jesucristo".

Ya moribundo pidió a los que rodeaban su lecho que entonaran el salmo que dice: "De gozo se llenó mi corazón cuando escuché una voz: iremos a la Casa del Señor. Que alegría cuando me dijeron: vamos a la Casa del Señor".

Las últimas palabras que dijo antes de morir fueron las del salmo 30: "En tus manos encomiendo mi espíritu".

Su cuerpo, cuando fue llevado a Lima, un año después de su muerte, todavía se hallaba incorrupto, como si estuviera recién muerto.

Después de su muerte se consiguieron muchos milagros por su intercesión. Santo Toribio tuvo el gusto de administrarle el sacramento de la confirmación a tres santos: Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano y San Martín de Porres.

El Papa Benedicto XIII lo declaró santo en 1726.

Y toda América del Sur espera que este gran santo e infatigable apóstol, quizás el más grande obispo que ha vivido en este continente, siga rogando para que nuestra santa religión se mantenga fervorosa y creciente en todos estos países.

domingo, 22 de marzo de 2015

SAN NICOLÁS DE BARI



Es uno de los santos más famosos y estimados de Suiza.

Desde cuando era muy pequeño su madre lo hizo pertenecer a una asociación piadosa llamada: "los amigos de Dios", y aquella institución religiosa lo enfervorizó mucho porque recomendaba insistentemente a sus socios que meditaran con frecuencia en la Pasión y Muerte de Jesús y que se esforzaran por vivir como dignos seguidores de Cristo.

Nicolás se enroló en el ejército para defender a su patria, y llegó a ser capitán. Después se casó y tuvo dos hijos, uno de los cuales llegó a ser un santo sacerdote, y el otro fue nombrado alcalde.

En su matrimonio seguía siendo Nicolás un hombre sumamente piadoso. Dice el hijo sacerdote: "Mi padre se acostaba temprano después de haber hecho que sus hijos y sus empleados rezaran las oraciones de la noche. Y muy de madrugada yo sentía que él se levantaba muy pasito y se dedicaba a rezar hasta el amanecer. Siempre que pasaba frente a un templo abierto entraba a orar, y cada día salía de casa por unos minutos para ir a visitar a Jesús en el Santísimo Sacramento en la iglesia".

Cuando tenía 50 años sintió una inspiración de Dios para dejar sus empleos oficiales y sus comodidades e irse a orar y a meditar en la soledad. De acuerdo con su santa esposa se separó de ella, y vestido de monje se fue en soledad a dedicarse a la oración y a la meditación.

Quiso irse a otro país pero cuando iba llegando a la frontera se encontró con un campesino que también pertenecía a la asociación "Amigos de Dios", el cual le dijo que debía quedarse en su propia patria rezando y haciendo penitencia por sus paisanos. Nicolás estaba indeciso pero entonces se desató una tormenta tan espantosa en el camino por donde él iba a seguir y caían rayos tan tremendos allí adelante, que consideró todo esto como una señal de Dios y se volvió a seguir viviendo en su tierra.

Por el camino sufrió un cólico con unos dolores de estómago tan espantosos que creyó morir. Se encomendó a Dios y el mal desapareció, pero desde ese día perdió por completo el apetito y en adelante vivió de tal manera sin comer ni beber casi nada, que nadie lograba explicarse cómo podía vivir así.

Se fue a una alta montaña junto a un nacedero de agua y allí en una cueva pasó sus últimos 19 años rezando, meditando y haciendo penitencia.
Desde la madrugada hasta la una de la tarde se dedicaba a orar y meditar. Luego, desde la una hasta las seis dedicaba su tiempo a dar consejos a las numerosas personas que iban a consultarle, y después desde las seis hasta las nueve seguía orando.

Dios le concedió el don de saber aconsejar. A un amigo suyo le contó que había pedido mucho al Señor este don y que lo había logrado conseguir de su divina bondad. Grandes multitudes se sentían atraídas por este hombre a quien nadie veía comer ni beber y que era de muy pocas palabras, pero que las pocas palabras que decía le llegaban a uno al alma y lo transformaban. A los que iban sólo por curiosidad no les decía ni una palabra y los despachaba sin darles consejos. A quienes le preguntaban cómo lograba subsistir así sin casi alimentarse, les respondía: "Dios sabe cómo". Las autoridades ponían detectives en los caminos para averiguar quién le llevaba alimentos, pero no encontraban a nadie.

Con los regalos de los fieles hizo construir una capilla y allí a esa altura iba cada día un sacerdote y le celebraba la misa y le daba la comunión.
Los distintos partidos y estados de Suiza estaban tremendamente divididos y había el grave peligro de que se desatara una sangrienta guerra civil. Nadie los lograba poner de acuerdo. Al fin a algunos se les ocurrió que llamaran a Nicolás. Este bajó de la montaña y de tal manera supo aconsejar sumamente bien a los unos y a los otros que se logró firmar la paz y se evitó la guerra entre paisanos. El senado de la nación dio un decreto alabando a Nicolás y dándole gracias por su mediación y allí se dice: "Este hombre de Dios recomienda a todos la paz, y la logra conseguir".

Nicolás volvió a su montaña a orar, meditar y aconsejar, y el día en que cumplió sus setenta años murió plácidamente. Desde entonces los católicos de Suiza lo consideran como un santo y empezaron a conseguir favores del cielo encomendándose a este su santo paisano.

El Sumo Pontífice lo declaró santo y nosotros le pedimos al buen San Nicolás que nos consiga de Dios el don de saber aconsejar bien y de ser instrumentos que lleven la paz a los demás y que en nuestro país no haya más violencia sino amor verdadero de buenos hermanos y paisanos.

sábado, 21 de marzo de 2015

JACINTO B. TREVIÑO



General Jacinto Blas Treviño González fue un militar mexicano que participó en la Revolución mexicana.

Nació en Guerrero, Coahuila el 11 de septiembre de 1883, siendo sus padres Francisco Z. Treviño, antiguo coronel de guardias nacionales y Trinidad González. Realizó sus estudios primarios en Monterrey, Nuevo León, y la preparatoria en el Colegio Civil del estado.

Ingresó al Colegio Militar en 1900 y se tituló como técnico de artillería en 1908. Ingresó al Ejército en la Fabrica Nacional de Cartuchos y en la Fábrica Nacional de Pólvora. En 1910permaneció ajeno a la lucha maderista y continuó su citada tarea en el ejército nacional.

A pesar de ello, en noviembre de 1911 pasó a formar parte del Estado Mayor de Francisco I. Madero, con el grado de capitán. Combatió contra la sublevación de Pascual Orozco en 1912. A principios del siguiente año fue comisionado al lado de Luis Garfias Espinosa de los Monteros para organizar las tropas irregulares del estado de Coahuila. En dicha tarea lo sorprendió la Decena Trágica y el posterior asesinato de Madero.

Treviño entonces se rebeló contra Victoriano Huerta, aliándose con Venustiano Carranza, quién lo ascendió a Mayor. Participó en el combate de Anhelo y el ataque de Saltillo, ambos en marzo de 1913. Fue el primer firmante del Plan de Guadalupe, ya que dos días antes había sido dado de baja del Ejército Federal por haberse incorporado a los alzados. Bajo las órdenes directas de Venustiano Carranza participó en los combates de Candela, Monclova y Torreón; como parte de su escolta realizó el viaje hasta Hermosillo. En junio de 1914 fue ascendido a general brigadier, y al mando de una columna ocupó Pachuca, durante el declive del huertismo. En septiembre de ese año fue nombrado oficial mayor, encargado del despacho de la Secretaría de Guerra y Marina. Al poco tiempo dejó dicho cargo para jefaturar la Brigada "Hidalgo". Ante la escisión revolucionaria permaneció al lado de Venustiano Carranza. Desde los inicios de la lucha contra el villismo su brigada pasó a formar parte del Cuerpo de Ejército al mando de Pablo González Garza. En marzo de 1915, Carranza lo designó jefe de las operaciones en la Batalla de El Ébano, San Luis Potosí. Ahí venció a las huestes villistas del general Tomás Urbina, convirtiéndose en un héroe constitucionalista en la lucha estratégica contra Francisco Villa. Fue ascendido a general de brigada y ocupó interinamente la jefatura del Cuerpo de Ejército del Noroeste, pues Pablo González Garza fue a Veracruz a organizar el Cuerpo de Ejército de Oriente, que tendría el objetivo de reconquistar la Ciudad de México. Poco más tarde fue nombrado jefe propietario de dicho cuerpo y realizó una extensa campaña en Nuevo León, Coahuila y Chihuahua. Para fines de dicho año de 1915 entró a la capital de Chihuahua, siendo ascendido a general de división. Fue comandante militar de Chihuahua durante 1916 y parte de 1917, sin embargo, no pudo derrotar a Francisco Villa. Fue sustituido por Francisco Murguía, lo que originó grandes problemas entre los dos.

En 1920 se adhirió al Plan de Agua Prieta, como general de las fuerzas gonzalistas, llamados Ejército Libertador Revolucionario. Fue el primer jefe que ocupó la Ciudad de México. Se le acusó de haberse pasado al obregonismo; y que prueba de ello era que había aceptado el cargo de Secretario de Industria y Comercio durante el interinato de Adolfo de la Huerta. En 1921 siendo Presidente de la Comisión Revisora de Hojas de Servicio de la Secretaria de Guerra y Marina se le señaló como asesino a José Alessio Robles; por lo que fue aprehendido, procesado y liberado en diciembre por desvanecimiento de datos. Participó en la Rebelión escobarista de 1929, siendo por ello dado de baja del ejército y exiliado a los Estados Unidos. Regresó al país en 1941. Le fue devuelto y reconocido su grado de general de división y reingresó al medio político; por ello fue nombrado Consejero del Banco Nacional del Ejército y la Armada en 1947. Luego sería director de la empresa Puertos Libres Mexicanos y senador durante el periodo presidencial de Adolfo Ruiz Cortines, quién de joven había sido su secretario particular.

Fue fundador y presidente del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana.

Murió en la Ciudad de México el 5 de noviembre de 1971.