miércoles, 1 de abril de 2015

ÁLVARO OBREGÓN



 Álvaro Obregón Salido nació en la Hacienda de Siquisiva, Navojoa, Sonora; el 19 de febrero de 1880. Murió en la Ciudad de México el 17 de julio de 1928 fue un militar y político mexicano que participó en la Revolución mexicana y fue Presidente de México entre el 1 de diciembre de 1920 y el 30 de noviembre de 1924. También fue el primer presidente cuyo mandato, inició el 1 de diciembre y terminó el 30 de noviembre, en la historia de México.

Quedó huérfano y más tarde se convirtió en agricultor.

Contrajo matrimonio en 1906 con María del Refugio Urrea, de quien tuvo dos hijos, Humberto y María del Refugio. Sin embargo, su esposa falleció en 1907, mientras alumbraba gemelos que también murieron en el parto, su tercero. Para fines de 1909, la efervescencia política del país lo llevó a enrolarse en las fuerzas de Francisco I. Madero que combatían al general Porfirio Díaz, Presidente de México desde 1877. Tras la caída de Díaz y el aparente triunfo revolucionario, Obregón se retiró a la vida privada, pero regresó en 1913 para apoyar a Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila en su lucha contra Victoriano Huerta, que derrocó a Madero. Fue jefe de la división del Ejército Constitucionalista y como tal derrotó a los federales en muchas batallas. Al producirse la ruptura entre el grupo de Emiliano Zapata y Francisco Villa con Carranza, a raíz de la Convención de Aguascalientes, Obregón se mantuvo leal a Carranza y fue el encargado de perseguir a Villa en el norte del país. Lo derrotó en la Batalla de Celaya, donde una bomba le arrancó el brazo derecho, dejándole manco. Una vez que lograron su triunfo, marchó escoltando a Carranza a Querétaro donde se redactó la Constitución de 1917. Fue nombrado Ministro de Guerra y Marina, pero renunció el 30 de abril de ese mismo año. Se retiró a su hacienda a practicar la agricultura y a preparar su campaña presidencial. Encabezó en 1920 la Rebelión de Agua Prieta contra Carranza, que pretendía imponer a Ignacio Bonillas como su sucesor. Triunfó, y tras el interinato de Adolfo de la Huerta fue elegido presidente. Logró el reconocimiento de Estados Unidos de América en 1923 por el Tratado de Bucareli. A fin de su gobierno se desató la Rebelión delahuertista porque pretendía imponer a Plutarco Elías Calles como su sucesor. En 1928, en plena Guerra Cristera, se presentó de nuevo como candidato a la presidencia tras una reforma constitucional realizada el año anterior. Fue elegido nuevamente, pero en medio de gran crisis política e incertidumbre. Fue asesinado por el cristero José de León Toral, el 17 de julio, en el restaurante "La Bombilla", de la Ciudad de México.
Un dato sobresaliente acerca de Obregón es que nunca perdió una sola batalla como general, y sus victorias sobre Huerta, Villa, Zapata y Carranza le hicieron acreedor del mote de el general invencible.
Álvaro Obregón Salido nació el 22 de febrero de 1880 en Siquisiva, Navojoa, Sonora. Hijo del matrimonio alamense conformado por don Francisco Obregón Gámez y de doña Cenobia Salido Palomares. Ese mismo año quedó huérfano de padre, por lo que su madre debió ausentarse del hogar familiar encargando la crianza del niño Álvaro a sus hijas mayores: Cenobia, María y Rosa. Después entró a la escuela local, de la que su hermano José era el director. Ahí aprendió las primeras letras y estudió matemáticas, historia y geografía. Pronto incursionó en la poesía, carpintería, música y comercio.
Más tarde, hacia fines de 1898, Obregón decidió revivir la antigua prosperidad de su hacienda y comenzó labores de agricultor, pero la situación económica agravada por la crisis, sus rudimentarias herramientas, el clima y su escaso capital mermaron las tierras y lo obligaron a regresar a Huatabampo en 1906. Sin embargo, en sus intentos fracasados de convertirse en agricultor, logró conseguir ahorros que le permitieron comprar la "Quinta Chilla". Ese mismo año, conoció a Refugio Urrea con quien tuvo dos hijos, Humberto y María del Refugio, además, tuvo dos hijos más que murieron junto con su esposa en 1907 durante el parto. De nuevo, como hizo su madre con él, Álvaro los encargó a sus hermanas mayores, quienes los criaron.

La situación por la que el país atravesaba era de inestabilidad política. Porfirio Díaz, quien llevaba más de treinta años en el poder, vio que su gobierno comenzaba a derrumbarse debido a las múltiples manifestaciones de rechazo, como la de los obreros de Río Blanco y Cananea. Francisco I. Madero, político coahuilense, comenzó una campaña electoral destinada a derrotar a Díaz en las elecciones de 1910. Sin embargo, poco antes de la jornada electoral, Madero fue aprehendido en Monterrey y el 10 de julio, Díaz logró su séptima reelección. Madero logró escapar de la cárcel y huyó a Estados Unidos, donde el 5 de octubre, publicó el Plan de San Luis, llamando a la revolución armada el 20 de noviembre para echar a Díaz del poder. Ese día, tal como estaba estipulado en el plan, estalló la revuelta que acabó por hacer renunciar a Díaz el 25 de mayo de1911. Obregón, ante la guerra civil desatada en el país, decidió mantener una situación de indiferencia a pesar de que sentía simpatía hacía el gobierno de Porfirio Díaz.

Tras caer el gobierno de Díaz, y llegar los ímpetus revolucionarios a Sonora, José Obregón fue nombrado alcalde interino de Huatabampo, en junio de 1911. Una vez que se publicó la convocatoria para elecciones de alcalde constitucional, Álvaro Obregón resolvió presentarse como candidato. Durante el mandato de su hermano, Obregón desempeñó funciones administrativas que le permitieron rozarse con un gran número de gente y comenzó así su carrera política. Además, contaba con el apoyo de los jefes de la tribu yaqui, con quienes Obregón siempre mantuvo una relación de cordialidad y fueron clave en su desarrollo político. Se dice que se alió con "Chito", el gobernador yaqui que movilizó a muchos de sus indios a votar por Obregón en las elecciones de septiembre. Pese al apoyo de los yaquis, la elección fue reñida y Obregón fue electo alcalde por un estrecho margen de votos, lo que ocasionó las protestas e impugnaciones de sus rivales. No obstante, entró en funciones a partir del mes de noviembre.

José María Maytorena, gobernador de Sonora y partidario de Madero, comenzó la campaña de reclutamiento de soldados para combatir a Pascual Orozco, que se levantó en armas contra el gobierno maderista. Obregón, que se había mostrado con indiferencia en el movimiento de 1910, esta vez decidió pelear para defender al gobierno, organizó una brigada de soldados, se unió a Benjamín Hill su pariente y salió a luchar contra Orozco. En abril de 1912 quedó conformado el 4° Batallón de Infantería, con 60 hombres de caballería y 52 de infantería, sumando en total 112 hombres. A diferencia de la gran mayoría de cuerpos revolucionarios, Obregón pagaba personalmente a sus soldados, por lo cual se evitaba la leva, muchas veces pagando incluso de su propio dinero, pero más tarde el gobierno estatal se hizo cargo de los haberes.

Orozco había sido perseguido por las fuerzas federales de Victoriano Huerta y se internó en el territorio estatal. Sanguinés, su jefe militar, ordenó a Obregón detener a contingentes orozquistas que pretendían atacar Guaymas. A pesar de la superioridad numérica del enemigo, Obregón supo atacar a las fuerzas rebeldes y detenerlas, causando así serias bajas al ejército sublevado. Regresó al cuartel general de Sanguinés cargado de armas y pertrechos, con lo que ganó ascensos en el escalafón militar. Tras este triunfo, marchó a Hermosillo y Agua Prieta, donde logró detener una vez más a Orozco, que pretendía apoderarse de la frontera. En Agua Prieta conoció a quien sería uno de sus más allegados colaboradores, Plutarco Elías Calles. Cuando Orozco fue derrotado, Obregón decidió renunciar al mando de las tropas federales y regresó a su hacienda de Huatabampo, en septiembre de 1912.

Victoriano Huerta era un antiguo militar fiel al gobierno de Porfirio Díaz, pero al caer éste mostró su lealtad a Madero luchando contra Orozco. Al producirse la Decena Trágica, Huerta pactó, a través del embajador de Estados Unidos de América, Henry Lane Wilson, con los sublevados en contra de Madero, Manuel Mondragón y Félix Díaz. Huerta hizo renunciar al presidente Madero y más tarde al vicepresidente José María Pino Suárez. Como sustituto fue nombrado Pedro Lascuráin, quien renunció a los pocos minutos para dejar en su puesto a Huerta, el 18 de febrero de 1913.

En el norte del país, principalmente, las reacciones no se hicieron esperar. José María Maytorena, gobernador de Sonora, pidió licencia al Congreso estatal para ausentarse indefinidamente e ir a combatir al gobierno de Huerta, aunque en realidad ese sólo fue el pretexto y de acuerdo con el libro de Obregón "8,000 kilómetros en campaña" Maytorena huyó hacia los Estados Unidos tomando previamente dinero de las arcas estatales en concepto de indemnización adelantada por sueldos de 6 meses para él y su grupo de gente con la que huyó y en su lugar fue nombrado como interino Ignacio L. Pesqueira, quien también desconoció al gobierno federal. El 26 de marzo, el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, proclamó el Plan de Guadalupe, oficializando así la lucha contra Huerta. Pesqueira, conocido de Obregón, lo nombró jefe militar de Hermosillo, debido a que fue su subordinado en la campaña contra Orozco. Tras un desfile organizado para marchar sobre los huertistas, Obregón salió al combate.

Poco más de quinientos soldados conformaban el 4° Batallón, Baca Calderón, Arnulfo R. Gómez y Manuel M. Diéguez, entre otros.

El mismo día de la proclamación del Plan de Guadalupe, el 8 de marzo, cayó en manos de las fuerzas constitucionalistas la ciudad y puerto de Veracruz, estratégica para el comercio federal. Después, el objetivo principal de Hermosillo era Cananea, importante ciudad minera. Para esta empresa necesitaba el apoyo de Salvador Alvarado, quien acababa de pactar con los yaquis y le proporcionó las fuerzas militares necesarias para el ataque. Sin embargo, Carranza nombró a Obregón jefe militar de Sonora, pero Alvarado se negó a reconocerlo, y en cambio, pactó con el general Moreno, comandante de Cananea, y éste acordó entregarle la plaza. Pesqueira ordenó a Obregón hacer caso omiso del pacto y atacar Cananea, lo que hizo con éxito. Para finales de marzo, la mayoría de las ciudades importantes del Estado de Sonora, cayeron en manos del Ejército Constitucionalista

En abril, el siguiente paso de la guerra era tomar Naco, pero las rencillas entre los jefes y constitucionalistas y las maniobras de defensa emprendidas por Pedro Ojeda, retrasaron alrededor de quince días la toma de la ciudad. Obregón ideó que un vagón de ferrocarril pasara e hiciera estallar las trincheras federales. Pero este plan fracasó logrando que muchos de los soldados se pusieran en contra de Obregón e incluso intentarán fusilarlo. Un grupo de su escolta le defendió, salvándole así la vida. Finalmente, el 12 de abril por la noche, tras una encarnizada batalla, Álvaro Obregón tomó Naco.

Guaymas había vuelto a caer en manos del gobierno federal de Huerta, por lo que la siguiente campaña de Obregón estuvo encaminada a recuperar tal ciudad. Los jefes federales de Guaymas eran Medina Barrón y Gil, quienes ordenaron tres buques para la defensa de la ciudad. En la campaña, Obregón enfrentó a los federales en dos ocasiones. El primer encuentro bélico fue en mayo de 1913, en la población de Santa Rosa, cuando los federales intentaron emboscar a Obregón alentados por la llegada de sus refuerzos. Obregón pudo derrotarlos haciéndoles salir de su refugio, y al triunfar fue condecorado como brigadier por Carranza. Durante junio en la localidad de Santa María se dio el segundo encuentro, con una nueva victoria para Álvaro Obregón, que le permitió entrar directamente a Guaymas, donde el enfrentamiento fue más difícil de lo planeado, ya que sufrió numerosas bajas. Entonces tomó la decisión de dejar sitiado el puerto para impedir el avance federal y a la vez tomar otras poblaciones.

Sinaloa en septiembre de 1913, fue el marco del primer encuentro entre Carranza y Obregón, en que el primero depositó el mando militar en el sonorense, nombrándole en el acto comandante militar de los estados de Sonora, Sinaloa, Durango, Chihuahua y Baja California. Tras ocupar Culiacán, fue el artífice de la toma de Topolobampo, en que ayudó a los generales Rivero e Iturbide. En esta batalla se usó por primera vez un avión en las acciones bélicas, siendo México pionero en este tipo de ataques en el mundo. Obregón aprovechó esta visita para arreglar sus negocios y tratar temas de su hacienda.

En marzo de 1914, Carranza hizo ver a Obregón de la necesidad de tomar la Ciudad de México, por lo que en mayo comenzó su ofensiva tomando Mazatlán, Tepic y Colima. Para julio, después de derrotar a los federales en Orendáin, entró en Guadalajara, donde se enteró de otros triunfos de jefes revolucionarios, como Francisco Villa y Emiliano Zapata.

Victoriano Huerta se sabía perdido y decidió renunciar, abandonando el país en el acto. Francisco Carvajal, presidente interino de la república, intentó pactar con Obregón, quien de inmediato movilizó sus tropas a la Ciudad de México, a la que entró el 14 de agosto de 1914, junto con dieciocho mil soldados. El 20 de agosto, Carranza llegó a la ciudad y condecoró a Obregón, quien aprovechó su estadía en la capital para visitar la tumba de Francisco I. Madero, por quien el general sonorense sentía admiración, al mismo tiempo que se dedicaría a la tarea de "castigar" a la ciudad por la muerte del Apóstol de la Democracia.

Carranza pretendía organizar una junta de todos los jefes revolucionarios a fin de decidir el futuro político de la nación. Por ello, ordenó a Obregón viajar al estado de Chihuahua para entrevistarse con Francisco Villa, y ellos dos pudieran convencer a otros líderes locales de la importancia de la junta. En su primer viaje, visitaron al gobernador sonorense Maytorena, quien acusó a Obregón de traición. Éste, en cambio, le pidió al gobernador comprobar sus acusaciones ante Villa, pero en el acto se vio intimidado y prefirió retractarse. Obregón comisionó a Maytorena como jefe de las tropas estatales, bajo la condición de reconocerle como suprema autoridad militar, puesto que de no hacerlo sería destituido. Para asegurarse de ello, ordenó a Benjamín Hill permanecer en el territorio de Sonora.

Para su segundo encuentro con Villa, Maytorena ya lo había convencido de las inconveniencias que resultarían de mantener a Carranza en el mando político, por lo que planearon un golpe contra el Primer Jefe como se le conocía a Carranza. Por lo tanto, la actitud de Villa hacia Obregón se tornó de cierta forma hostil, y entonces Villa ordenó a Hill retirarse del estado, lo que Obregón rechazó. Villa se enfureció y estuvo a punto de fusilar a Obregón, pero la intervención de Eugenio Aguirre Benavides le salvó la vida.

Villa decidió no asistir a la junta convocada por Carranza y desconocerle como jefe revolucionario. Obregón logró escapar y Villa ordenó que se le aprehendiera nuevamente; pero Obregón fue apoyado por los generales José Isabel Robles y Eugenio Aguirre Benavides, gracias a lo cual llegó con vida a la Ciudad de México. Obregón ofreció nuevamente a Carranza intentar pactar con Villa y sus tropas para la realización de la convención revolucionaria. Se acordó que se realizara en un lugar neutral para ambas fuerzas, y la elegida fue Aguascalientes, donde las sesiones se iniciaron el mes de octubre.
Obregón pretendió debilitar al villismo robándoles a sus principales asesores y consejeros. Pero los trabajos convencionarios fracasaron y Eulalio Gutiérrez fue declarado presidente provisional en sustitución de Carranza. A partir de enero de 1915 comenzó la guerra de la Convención de Aguascalientes. Carranza estableció un gobierno en Veracruz, por lo que los villistas decidieron cortar las vías de ferrocarril de Puebla hacia Veracruz, para lo cual comisionaron a fuerzas zapatistas, que pronto fueron detenidas por Pablo González. En el noroeste, Felipe Ángeles había logrado diezmar a los villistas y pronto pudo llamar a Obregón para que lo combatiera. En Chihuahua se dieron los primeros conflictos militares entre ambos ejércitos.

En la Batalla de Celaya, a principios de abril de 1915, fue el segundo encuentro entre ambos generales. En principio, Villa lanzó oleadas de bombas que por momentos hacían retroceder al enemigo. Pero Obregón pudo remontar la ventaja y poco a poco venció a Villa en su segundo enfrentamiento, la noche del 6 de abril.

Obregón escribió a Carranza confiado de la seguridad de su victoria, pero Villa aprovechó para presentar batalla nuevamente el 13 de abril, donde fue derrotado en cuestión de pocas horas. Se retiró al Bajío, y escribió desde ahí una misiva pidiendo a Obregón no perseguir a sus soldados, pues estaban hambrientos y no podrían defenderse. Después de ello, ambos ejércitos tuvieron enfrentamientos pequeños en la zona abajeña.

La mañana del 3 de julio, Obregón salió con algunos miembros de su escolta a recorrer el patio principal de una hacienda en Santa Ana del Conde, Guanajuato, de la que habían recibido reportes de ataques villistas. De pronto, una guardia de soldados al servicio de Francisco Villa salió y atacó con granadas al conjunto de hombres de Obregón, quien fue herido por uno de los proyectiles, perdiendo en el acto su brazo derecho. Al ver que lograron su cometido, los villistas regresaron a su campamento. Obregón, como relató años después a Vicente Blasco Ibáñez, sintió profundo dolor psicológico por la pérdida de su brazo e intentó suicidarse disparándose a la sien con una pistola, que estaba descargada. Pocas horas más tarde recobró el sentido y fue informado de la toma de León, por parte de las fuerzas de Villa.

A los pocos días decidió salir de Celaya y pronto tomó Saltillo, Aguascalientes y Torreón. Al llegar a Sonora expulsó a los villistas del territorio estatal e instauró pactos de paz con el ejército yaqui.

En marzo de 1916, fue nombrado Ministro de Guerra y Marina en el gabinete de Carranza establecido en Querétaro. Desde este cargo participó en la redacción de la Constitución de 1917, principalmente en los aspectos militares. Como ministro, fundó la Escuela Nacional para Pilotos, la Academia del Estado Mayor y la Escuela de Medicina Militar. Tras establecer el nuevo gobierno en la Ciudad de México, el 5 de febrero de 1917, Obregón siguió en su puesto, pero renunció el 30 de abril, esperando retirarse a la vida privada como agricultor.

Para principios de 1919, Carranza tomó como tarea principal la de pacificar al país. Su primer objetivo fue el caudillo agrario Emiliano Zapata, quien murió asesinado en la Hacienda de Chinameca, el 10 de abril de ese año, por órdenes de Pablo González y Jesús Guajardo. Obregón protestó por el asesinato de Zapata, pero Carranza adivinaba desde entonces sus aspiraciones presidenciales por lo que se dio a la tarea de desmembrar cuanto antes a los grupos obregonistas de la Cámara de Diputados, en la XXVIII Legislatura.

El 1 de junio, Obregón lanzó oficialmente su candidatura en la Quinta Chilla. En su primer discurso oficial, habló de la necesidad de un gobierno encabezado por hombres de corrientes liberales. Como afirmó a Plutarco Elías Calles, realmente no tenía competencia. Pablo González, su único rival, había pactado con Obregón.

Pero Carranza lanzó la candidatura del embajador mexicano en Washington, Ignacio Bonillas, poco conocido en México y pronto fue apodado "Flor de Té". Carranza deseaba una sociedad gobernada por civiles y por eso lanzó a Bonillas como candidato.

Aunque su campaña política había comenzado desde el otoño de 1919, fue hasta enero de 1920 cuando inició su gira política. No tenía aún un partido con el cual pudiera ser representado en las elecciones, pero en marzo, el presidente del Partido Liberal Constitucionalista, Luis N. Morones, le ofreció enarbolar el estandarte de su organización, Obregón aceptó. En mayo fue llamado a juicio en la Ciudad de México, ya que el general Roberto Cejudo fue acusado de conspirar y delató a Obregón. En la primera sesión del juicio, el 11 de abril, Obregón fue acusado de traición al gobierno y de conspirar en contra de Carranza. Juan Barragán, jefe del Estado Mayor de Carranza y amigo personal de Obregón le sugirió escapar antes de que fuera aprehendido. Por esos días fue removido como gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta, otro amigo de Obregón, en quien aumentaron las sospechas de una conspiración en su contra para evitar que fuera candidato.

La madrugada del 22 de abril, con un disfraz de ferrocarrilero que le proporcionó Alessio Robles, Obregón escapó a la ciudad de Iguala, Estado de Guerrero. Fortunato Maycotte, antiguo subordinado suyo en la campaña contra Villa, le informó que en Sonora, Adolfo de la Huerta y Plutarco Elías Calles habían proclamado el Plan de Agua Prieta.

Carranza se vio solo en la guerra civil que se había desatado a raíz del Plan de Agua Prieta, por lo que decidió seguir adelante con sus tropas hasta Veracruz, tal como lo hizo en 1914. La mayor parte de su gabinete, a excepción de Luis Cabrera y Manuel Aguirre Berlanga, renunció. En el intento de llegar a Puebla, fue atacado por las tropas de Jesús Guajardo, lo que obligó a la comitiva carrancista a internarse en la sierra poblana, donde Rodolfo Herrero les ofreció ayuda. El 21 de mayo, Herrero, que en realidad era un soldado aguaprietista, asesinó a Carranza por órdenes de Plutarco Elías Calles, uno de los principales jefes de la Revolución de Agua Prieta.

El Congreso nombró a Adolfo de la Huerta como presidente interino de la república. Durante los seis meses que estuvo en el cargo 1 de junio al 30 de noviembre de 1920 logró la pacificación del país, hacer que Villa depusiera las armas y aprehender a Félix Díaz, quien se encontraba levantado desde 1914. Así, el 5 de septiembre, Obregón fue elegido presidente.

Álvaro Obregón se convirtió en presidente constitucional de México a la medianoche del 1 de diciembre de1920. Durante su mandato intentó concluir el proceso de pacificación nacional que inició Adolfo de la Huerta, y comenzó la repartición de tierras a los campesinos del Estado de México y Morelos, como parte de su proyecto de reforma social.

José Vasconcelos era un intelectual mexicano que fue Ministro de Instrucción Pública en el gobierno de Roque González Garza, presidente convencionista. Al triunfar Carranza en la guerra civil, se exilió en Idaho, pero volvió en 1920 para dirigir la Universidad Nacional. Obregón decidió restituir el antiguo Ministerio de Instrucción Pública, que fue suprimido por Carranza en 1918, y esta nueva institución renació con el nombre de Secretaría de Educación Pública, dirigida por Vasconcelos y creada en 1921. Desde esta plaza Vasconcelos efectuó su plan de fundación de escuelas rurales, formación de nuevos maestros y edición de clásicos de la literatura, como la Divina Comedia y otras obras de autores como Platón. Además, Vasconcelos impulsó las escuelas de artes y oficios donde se enseñaban estas disciplinas a los jóvenes y en ocasiones también a los adultos. Promocionó a los artistas plásticos y les otorgó espacios para realizar sus obras, como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.

En la política, Obregón intentó mantener el control y equilibrio de las fuerzas políticas imperantes en el país, principalmente del ejército. Por ello, concedió la amnistía a Francisco Villa y Saturnino Cedillo, y a cambio de rendirse y colaborar en la estabilidad del país les otorgó tierras, producto del reparto agrario. Otra de las preocupaciones del gobierno obregonista fue obtener el reconocimiento de los Estados Unidos. Cuando Obregón fue electo, las cámaras de comercio de las ciudad de Nogales y Tucson, Arizona enviaron representantes a la toma de protesta en la Ciudad de México; como muestra de gratitud, Obregón les regalo un sarape con la imagen de George Washington bordada en él. Esta relación entre comerciantes de Arizona y Sonora, había sido construida años atrás, durante la Revolución, por parte del mismo Obregón y Plutarco Elías Calles. Dicha relación binacional entre México y Estado Unidos era importante, ya que en caso de una nueva revuelta armada en su contra, Obregón debería usar el apoyo de Estados Unidos, que capitalizó a inicios de1923, con el Tratado de Bucareli. Sin embargo, tuvo que hacer ciertas concesiones con EE.UU, sobre todo en materia agraria y del petróleo, ya que la política nacionalista del artículo 27 constitucional afectaba los intereses de las compañías extranjeras en México.

Adolfo de la Huerta, convencido por algunos de sus partidarios, lanzó su candidatura a la presidencia de la República para el período 1924-1928 contando con el apoyo del Partido Liberal. Pero Obregón apoyaba a Calles, lo que provocó la rebelión denominada delahuertista, que dio inicio a fines de 1923. Todos los personajes en el escenario político que podían dar batalla a Obregón habían muerto, como Lucio Blanco y Villa, el primero en 1922 y Villa en 1923. Los delahuertistas fueron derrotados y su líder salió expatriado a Panamá en1924, mismo año en que Calles fue electo presidente.

Al entrar Calles a la presidencia, Obregón se retiró a las labores del campo. Aprovechó los créditos otorgados por el Banco Agrícola para desarrollar sus plantaciones, y así cosechó garbanzo, trigo y algodón. Inició un negocio de combustible para autos, una novedad en el país, por lo que solía frecuentar las principales ciudades de Estados Unidos, como Chicago y Los Ángeles. Mantuvo entrevistas con miembros del gobierno callista, y varias veces visitó al mismo presidente en la capital.

Durante el mandato de Calles, los conflictos religiosos creados por la aplicación radical de algunos artículos constitucionales, produjo que el episcopado mexicano, apoyado por el papa Pío XI ordenara el cierre de los templos católicos del país, ocasionando que la feligresía católica del país, se lanzara a las armas exigiendo la renuncia de Calles y la derogación de la Carta Magna de 1917.

Es en este contexto que Álvaro Obregón, retirado de la vida política, en la cual seguía teniendo gran peso, decide lanzar su candidatura a la reelección. Calles había intentado desmembrar al ejército y a las organizaciones campesinas, con lo que la figura de Obregón cobró aún más fuerza. Morones, nuevamente, le ofreció la postulación presidencial, la que Obregón aceptó. Sin embargo, poco antes de llegar a México, fue objeto de un intento de asesinato por un grupo de indígenas Yaqui.

La constitución mexicana sufrió una reforma para permitir la reelección en enero de 1927, con lo que Obregón ganaba partido para su candidatura, principalmente en el terreno de los agraristas. Pero la creciente oposición de la clase militar comenzó a ser representada por los generales Arnulfo R. Gómez y Francisco R. Serrano, ambos candidatos a la presidencia. Serrano era amigo personal de Obregón y peleó junto a él en las guerras contra Villa, y por influencia del sonorense llegó a la jefatura del Distrito Federal. Gómez era el más activo de ambos candidatos, y planeó junto a Serrano detener y ejecutar a Obregón, Calles y Joaquín Amaro, secretario de Guerra. El 3 de octubre, día del cumpleaños de Serrano, se planeaba que los tres militares fueran aprehendidos, pero el General de División Eugenio Martínez, demostrando siempre su rectitud y compromiso con el gobierno de México legalmente establecido, denunció a éste y a sus seguidores ante las fuerzas federales, que, comandadas por el general Claudio Fox, detuvieron a Serrano y a sus partidarios en Cuernavaca, la mañana del 4 de octubre. Esa noche, fueron sacados de la ciudad con el pretexto de llevarlos a encarcelar a Querétaro, pero al llegar a Huitzilac fueron ejecutados. Gómez, mientras tanto, intentó armar una revuelta en Veracruz, pero cansado y debilitado fue aprehendido y fusilado el 4 de noviembre. Tras estos intentos de guerra civil, Obregón viajó a la capital, donde al ir a una corrida de toros fue atacado con una bomba, lanzada por militantes cristeros. Más tarde se descubrió un complot para asesinar al caudillo.

El 15 de julio de 1928, pocos días después de ser proclamado presidente del período 1928-1932, Obregón llegó acompañado de su comitiva a la capital de la república en un tren custodiado por varios miembros del Estado Mayor Presidencial. Mientras tanto, José de León Toral, joven capitalino, miembro de la ACJM, había decidido matar a Obregón.

Entre la clase política se había difundido el rumor de un posible asesinato de Obregón, pero el presidente electo hizo caso omiso de las advertencias. La mañana del 17 de julio salió a comer invitado por los diputados del estado de Guanajuato, en el restaurante "La Bombilla", ubicado en San Ángel. José de León Toral acudió al lugar tras varios días de espiar a Obregón, y se hizo pasar por un dibujante. Hizo un dibujo a varios diputados, y finalmente llegó a Obregón, a quien también retrató. Cuando todos los comensales se descuidaron, Toral sacó su pistola y lanzó seis disparos a Álvaro Obregón, quien cayó muerto al instante. El asesino fue rápidamente detenido y algunos policías intentaron matarle, pero el diputado Ricardo Topete le salvó arguyendo su importancia para esclarecer el crimen.

El lugar de Obregón fue ocupado por Emilio Portes Gil, en 1929, y entonces fue que comenzó el período conocido como Maximato.

SAN HUGO OBISPO



Hay 16 santos o beatos que llevan el nombre de Hugo. Los dos más famosos son San Hugo, Abad de Cluny 1109, y San Hugo, obispo de quien vamos a hablar hoy.

San Hugo nació en Francia en el año 1052. Su padre Odilón, que se había casado dos veces, al quedar viudo por segunda vez se hizo monje cartujo y murió en el convento a la edad de cien años, teniendo el consuelo de que su hijo que ya era obispo, le aplicara los últimos sacramentos y le ayudara a bien morir.

A los 28 años nuestro santo ya era instruido en ciencias eclesiásticas y tan agradable en su trato y de tan excelente conducta que su obispo lo llevó como secretario a una reunión de obispos que se celebraba en Aviñón en el año 1080 para tratar de poner remedio a los desórdenes que había en la diócesis de Grenoble.

Allá en esa reunión o Sínodo, los obispos opinaron que el más adaptado para poner orden en Grenoble era el joven Hugo y le propusieron que se hiciera ordenar de sacerdote porque era un laico. El se oponía porque era muy tímido y porque se creía indigno, pero el Delegado del Sumo Pontífice logró convencerlo y le confirió la ordenación sacerdotal. Luego se lo llevó a Roma para que el Papa Gregorio VII lo ordenara de obispo.

En Roma el Pontífice lo recibió muy amablemente. Hugo le consultó acerca de las dos cosas que más le preocupaban: su timidez y convicción de que no era digno de ser obispo, y las tentaciones terribles de malos pensamientos que lo asaltaban muchas veces.

El Pontífice lo animó diciéndole que "cuando Dios da un cargo o una responsabilidad, se compromete a darle a la persona las gracias o ayudas que necesita para lograr cumplir bien con esa obligación", y que los pensamientos aunque lleguen por montones a la cabeza, con tal de que no se consientan ni se dejen estar con gusto en nuestro cerebro, no son pecado ni quitan la amistad con Dios.

Gregorio VII ordenó de obispo al joven Hugo que sólo tenía 28 años, y lo envió a dirigir la diócesis de Grenoble, en Francia. Allá estará de obispo por 50 años, aunque renunciará el cargo ante 5 Pontífices, pero ninguno le aceptará la renuncia.


Al llegar a Grenoble encontró que la situación de su diócesis era desastrosa y quedó aterrado ante los desórdenes que allí se cometían. Los cargos eclesiásticos se concedían a quien pagaba más dinero (Simonía se llama este pecado).

Los sacerdotes no se preocupaban por cumplir buen su celibato. Los laicos se habían apoderado de los bienes de la Iglesia.

En el obispado no había ni siquiera con qué pagar a los empleados. Al pueblo no se le instruía casi en religión y la ignorancia era total.

Por varios años se dedicó a combatir valientemente todos estos abusos. Y aunque se echó en contra la enemistad de muchos que deseaban seguir por el camino de la maldad, sin embargo la mayoría acepto sus recomendaciones y el cambio fue total y admirable. El dedicaba largas horas a la oración y a la meditación y recorría su diócesis de parroquia en parroquia corrigiendo abusos y enseñando cómo obrar el bien.

Todos veían con admiración los cambios tan importantes en la ciudad, en los pueblos y en los campos desde que Hugo era obispo. El único que parecía no darse cuenta de todos estos éxitos era él mismo. Por eso, creyéndose un inepto y un inútil para este cargo, se fue a un convento a rezar y a hacer penitencia.

Pero el Sumo Pontífice Gregorio VII, que lo necesitaba muchísimo para que le ayudara a volver más fervorosa a la gente, lo llamó paternalmente y lo hizo retornar otra vez a su diócesis a seguir siendo obispo. Al volver del convento parecía como Moisés cuando volvió del Monte Sinaí que llegaba lleno de resplandores.

Las gentes notaron que ahora llegaba más santo, más elocuente predicador y más fervoroso en todo.

Un día llegó San Bruno con 6 amigos a pedirle a San Hugo que les concediera un sitio donde fundar un convento de gran rigidez, para los que quisieran hacerse santos a base de oración, silencio, ayunos, estudio y meditación. El santo obispo les dio un sitio llamado Cartuja, y allí en esas tierras desiertas y apartadas fue fundada la Orden de los Cartujos, donde el silencio es perpetuo (hablan el domingo de Pascua) y donde el ayuno, la mortificación y la oración llevan a sus religiosos a una gran santidad.

Se dice que al construir la casa para los Cartujos no se encontraba agua por ninguna parte. Y que San Hugo con una gran fe, recordando que cuando Moisés golpeó la roca, de ella brotó agua en abundancia, se dedicó a cavar el suelo con mucha fe y oración y obtuvo que brotara una fuente de agua que abasteció a todo el gran convento.

En adelante San Bruno fue el director espiritual del obispo Hugo, hasta el final de su vida. Y se cumplió lo que dice el Libro de los Proverbios: "Triunfa quien pide consejo a los sabios y acepta sus correcciones". A veces se retiraba de su diócesis para dedicarse en el convento a orar, a meditar y a hacer penitencia en medio de aquel gran silencio, donde según sus propias palabras "Nadie habla si no es para cosas extremadamente graves, y lo demás se lo comunican por señas, con una seriedad y un respeto tan grandes, que mueven a admiración".

Para San Hugo sus días en la Cartuja eran como un oasis en medio del desierto de este mundo corrompido y corruptor, pero cuando ya llevaba varios días allí, su director San Bruno le avisaba que Dios lo quería al frente de su diócesis, y tenía que volverse otra vez a su ciudad.

Los sacerdotes más fervorosos y el pueblo humilde aceptaban con muy buena voluntad las órdenes y consejos del Santo obispo. Pero los relajados, y sobre todo muchos altos empleados del gobierno que sentían que con este Monseñor no tenían toda la libertad para pecar, se le opusieron fuertemente y se esforzaron por hacerlo sufrir todo lo que pudieron. El callaba y soportaba todo con paciencia por amor a Dios. Y a los sufrimientos que le proporcionaban los enemigos de la santidad se le unían las enfermedades.

Trastornos gástricos que le producían dolores y le impedían digerir los alimentos. Un dolor de cabeza continuo por más de 40 años que no lo sabían sino su médico y su director espiritual y que nadie podía sospechar porque su semblante era siempre alegre y de buen humor.

Y el martirio de los malos pensamientos que como moscas inoportunas lo rodearon toda su vida haciéndolo sufrir muchísimo, pero sin lograr que los consintiera o los admitiera con gusto en su cerebro.

Varias veces fue a Roma a visitar al Papa y a rogarle que le quitara aquel oficio de obispo porque no se creía digno. Pero ni Gregorio VII, ni Urbano II, ni Pascual II, ni Inocencio II, quisieron aceptarle su renuncia porque sabían que era un gran apóstol y que si se creía indigno, ello se debía más a su humildad, que a que en realidad no estuviera cumpliendo bien sus oficios de obispo. Cuando ya muy anciano le pidió al Papa Honorio II que lo librara de aquel cargo porque estaba muy viejo, débil y enfermo, el Sumo Pontífice le respondió: "Prefiero de obispo a Hugo, viejo, débil y enfermo, antes que a otro que esté lleno de juventud y de salud".

Era un gran orador, y como rezaba mucho antes de predicar, sus sermones conmovían profundamente a sus oyentes. Era muy frecuente que en medio de sus sermones, grandes pecadores empezaran a llorar a grito entero y a suplicar a grandes voces que el Señor Dios les perdonara sus pecados. Sus sermones obtenían numerosas conversiones.

Tenía gran horror a la calumnia y a la murmuración. Cuando escuchaba hablar contra otros exclamaba asustado: "Yo creo que eso no es así". Y no aceptaba quejas contra nadie si no estaban muy bien comprobadas.

Una vez, cuando por un larguísimo verano hubo una enorme carestía y gran escasez de alimentos, vendió el cáliz de oro que tenía y todos los objetos de especial valor que había en su casa y con ese dinero compró alimentos para los pobres. Y muchos ricos siguieron su ejemplo y vendieron sus joyas y así lograron conseguir comida para la gente que se moría de hambre.

Al final de su vida la artritis le producía dolores inmensos y continuos pero nadie se daba cuenta de que estaba sufriendo, porque sabía colocar una muralla de sonrisas para que nadie supiera los dolores que estaba padeciendo por amor a Dios y salvación de las almas.

Un día al verlo llorar por sus pecados le dijo un hombre: "- Padre, ¿por qué llora, si jamás ha cometido un pecado deliberado y plenamente aceptado?- ". Y él le respondió: "El Señor Dios encuentra manchas hasta en sus propios ángeles. Y yo quiero decirle con el salmista: "Señor, perdóname aun de aquellos pecados de los cuales yo no me he dado cuenta y no recuerdo".

Poco antes de su muerte perdió la memoria y lo único que recordaba eran los Salmos y el Padrenuestro. Y pasaba sus días repitiendo salmos y rezando padres nuestros…


Murió cuando estaba para cumplir los 80 años, el 1 de abril de 1132. El Papa Inocencio II lo declaró santo, dos años después de su muerte.

SAN BENJAMÍN



El rey Yezdigerd, hijo de Sapor II puso fin a la cruel persecución de los cristianos que había sido llevado al cabo en Persia durante el reinado de su padre. Sin embargo, el obispo Abdas con un celo mal entendido incendio el Pireo o templo del fuego, principal objeto del culto de los persas.

El rey amenazó con destruir todas las iglesias de los cristianos, a menos que el obispo reconstruyera el templo, pero éste se rehusó a hacerlo; el rey lo mandó a matar e inició una persecución general que duró 40 años. 

Uno de los primeros mártires fue Benjamín, diácono.

Después de que fuera golpeado, estuvo encarcelado durante un año, pero obtuvo su libertad gracias al embajador del Constantinopla y prometiendo bajo su responsabilidad que el santo se abstendría de hablar acerca de su religión.

Sin embargo, Benjamín declaró que él no podía cumplir tal condición y, no perdió la oportunidad de predicar el Evangelio.

Fue de nuevo aprehendido y llevado ante el rey, quien lo sometió a crueles torturas, siendo luego decapitado.