miércoles, 25 de febrero de 2015

SANTA JACINTA



Esta es una santa que tuvo dos conversiones o cambios de costumbres de la maldad hacia la santidad. Ella, como San Agustín, tuvo que convertirse de una vida de mundanalidad a una vida de religiosidad, y luego como Santa Teresa, tuvo que convertirse de una vida de poco fervor a una vida de gran santidad.

Jacinta nació en una familia muy rica en Viterbo Italia en 1585. Era hermosa y coqueta. No pensaba sino en vanidades y lujos. Su deseo era contraer matrimonio con algún joven rico y famoso.

Pero tuvo una gran desilusión cuando vio que su hermana, menos hermosa y menos vanidosa, lograba casarse con un señor muy importante de Roma, mientras que a ella, por lo demasiado superficial y orgullosa, la determinaban muy poco los jóvenes.

Entonces se dedicó a mayores lujos y más coqueterías, pero esto no la hacía feliz, sino que la llenaba de infelicidad y desilusión.

Sus papás estaban afanados al observar sus comportamientos tan mundanos, pero de pronto un día dispuso irse de monja al convento de las hermanas franciscanas. Tenía veinte años.

Era la primera determinación verdaderamente prudente que tomaba en su vida. Era su primera conversión.

Pero le sucedió que al poco tiempo de estar en la Comunidad empezó a vivir una vida no de santidad sino de relajación.

Exigió a las superioras que le permitieran tener allí en el convento todos los lujos que su familia muy rica le podía proporcionar, y más parecía una señorita de mundo que una fervorosa religiosa.

Asistía con indiferencia a los actos religiosos y hacía poco caso a los avisos de sus superioras. Dios había obtenido que se hiciera religiosa, pero el diablo conseguía que no fuera una religiosa fervorosa.

Y he aquí que la misericordia del Señor le envió dos medios muy eficaces para convertirla. El primero fue una gravísima enfermedad, cuando tenía 30 años. Se sintió en las puertas del sepulcro.

Y en medio de los fortísimos dolores se puso a pensar qué diría Nuestro Señor en el Juicio, a la hora de su muerte, si ella continuaba viviendo aquella vida de relajamiento y de indiferencia religiosa.

Ofreció sus dolores a Dios para que la perdonara y para que le concediera el don de la conversión y mandó llamar a un santo sacerdote. Ahora Dios le iba a dar la salud del cuerpo y la salud del alma.

Y aquí le llegó el segundo medio que el cielo le enviaba para que se convirtiera. Aquel sacerdote franciscano era muy estricto y al llegar a su celda y verla tan llena de lujos y adornos le dijo que él no la podía confesar porque ella vivía más como una mundana que como una religiosa franciscana.

Y se alejó diciéndole que el Paraíso no estaba destinado para los que viven como ricos comodones y orgullosos, sino para los pobres de espíritu que viven sin lujos ni cosas innecesarias.

Esta enérgica determinación del Padre confesor la hizo cambiar completamente. Mandó sacar todos los lujos de su habitación, y al día siguiente al volver el santo sacerdote, hizo Jacinta una confesión de toda su vida, llorando de todo corazón y arrepintiéndose de todos sus pecados.

Y desde aquel día su vida fue otra, totalmente distinta. Dios le había concedido el don de la verdadera conversión. Dejó sus vestidos lujosos y sus vanidades y empezó a vestir como la religiosa más pobre del convento.

Desde el día de su conversión Jacinta ya no toma alimentos finos y rebuscados como antes, sino que se alimenta de lo más pobre y ordinario de aquel convento.

A nadie le permite que le recuerde que viene de una familia muy rica sino que pide que la llamen simplemente la hermana Jacinta y que la traten como a la más pobre de las hermanitas.

Las actas de su canonización dicen que "su mortificación era tan grande, que la conservación de su vida era un constante milagro".

Eligió como Patrono al arcángel San Miguel para que la defendiera de los continuos ataques del demonio. Ya no volvió a salir a visitas y charlatanerías con familiares o a reuniones mundanas.

Meditaba frecuentemente en los sufrimientos de Cristo Crucificado y esto la impulsaba a sufrir con mucha paciencia por amor al Redentor.

Su humildad era admirable. Se consideraba la más manchada pecadora del mundo. Su habitación era totalmente pobre sin adornos ni comodidades. Pedía perdón a las demás religiosas por los malos ejemplos que les había dado en sus primeros años de religiosa.

La nombraron maestra de novicias y exclamaba suspirando que ella no había sabido gobernarse a sí misma y por lo tanto no era capaz de dirigir a otras. Pero en ese cargo demostró una gran sabiduría y una exquisita comprensión y bondad para comprender a las más débiles. Tenía el don de consejo y eran muchas las personas que la consultaban.

Durante 17 años sufrió de dolorosísimos cólicos estomacales y cuando se hallaba sola lloraba y se retorcía, pero cuando estaba atendiendo a otras personas se le veía sonreír como si nada estuviera sufriendo.

Cuando alguien le decía que sus sufrimientos eran muy grandes, exclamaba: "Más me merezco, por mis pecados". Y consideraba sus penas y dolores como el mejor medio para pagarle a Dios los pecados con los cuales lo ofendió en su juventud.

Tres medios empleaba para crecer en santidad: largas horas rezando y meditando ante el Santísimo Sacramento y ante la imagen de Jesús crucificado. La lectura de libros espirituales. Y el seguir los sabios consejos del sacerdote que la había convertido, el Padre Bernardo Bianchetti.

Lo que más pedía a Dios era la conversión de los pecadores. Y con sus oraciones y sacrificios obtuvo del cielo la conversión de un temible pecador de Viterbo, Francisco Pacini, y este cambió de tal manera su comportamiento que no sólo sus maldades antiguas sino que en adelante se dedicó ayudar a la santa en sus actividades apostólicas y en asociaciones espirituales.

Santa Jacinta fundó dos asociaciones piadosas. La Compañía de Penitentes y los Oblatos de María. Estas personas se dedicaban a visitar enfermos, a instruir niños en la religión y a desagraviar a Dios por las ofensas que se le hacen. La santa propagó mucho en Viterbo la piadosa costumbre de las 40 horas de adoración al Santísimo Sacramento.

Santa Jacinta logró por medio de sus cartas, muchas conversiones de pecadores. A algunas superioras de conventos que no exigían a sus religiosas el estricto cumplimiento de sus deberes les escribió cartas muy severas y obtuvo que varias casas religiosas volvieran al fervor.

Las reuniones mundanas de las gentes cambiaban de temas y empezaban a hablar de cosas espirituales y piadosas cuando llegaba nuestra santa, y su presencia hacía un gran bien a esas gentes.

Santa Jacinta hacía el viacrucis por las noches, sola, en el templo, con una pesada cruz sobre sus hombros, y con los pies descalzos.

Su amor a la Virgen María era tan grande que cuando oía pronunciar su nombre se le llenaban de suaves colores su cara y su aumentaba su entusiasmo.

Su práctica de piedad preferida era la Santa Misa, y asistía a ella con tan gran fervor que frecuentemente estallaba en lágrimas de emoción. Después de la comunión se quedaba un largo rato dando gracias a Nuestro Señor y a veces se quedaba en éxtasis.

Dios le dio un don de profecía, y anunció muchas cosas que iban a suceder en el futuro. También obtuvo el don de los milagros y consiguió admirables curaciones.

Y el Señor le concedió el don de conmover los corazones, aun los más duros y empedernidos, y por eso conseguía tantas conversiones.

Murió San Jacinta en el año 1640, y después de muerta obtuvo para sus devotos tan grandes favores y milagros, que el Santo Padre el Papa Pío Séptimo la declaró santa. Su cuerpo se conserva incorrupto en Viterbo.

La Santa Sede declaró al canonizarla: "El apostolado de Jacinta ganó más almas para Dios que los sermones de muchos predicadores".

martes, 24 de febrero de 2015

GILDARDO MAGAÑA



El General Gildardo Magaña Cerda 1891-1939 fue un militar mexicano que participó en la Revolución mexicana.

Nació en Zamora, Michoacán, el 7 de marzo de 1891. Fue hijo de Conrado Magaña y de Columba Cerda. Su padre era un comerciante de ideas liberales. Realizó sus primeros estudios en el Seminario Diocesano de su tierra natal, y después fue enviado a estudiar la carrera de comercio en el Temple College de Filadelfia, Estados Unidos. En 1907 regresó al país y se estableció, junto con toda su familia, en la Ciudad de México. Ahí se unió a los clubes opositores de ideas anarcosindicalistas. 

Hacia 1909, junto con gente como Juan Sánchez Azcona, Francisco Cossio Robelo, Enrique Bordes Mantel, los hermanos Mújica y los Vázquez Gómez, entre otros, simpatizó y militó sucesivamente en los partidos Democrático y Anti reeleccionista. En marzo de 1911 participó en la conspiración de Tacubaya. Al ser esta descubierta, huyó hacia Morelos, donde se unió al movimiento regionalista encabezado por Emiliano Zapata; en mayo participó en el sitio y toma de Cuautla, donde el Gral. Emiliano Zapata le confirió el grado de teniente coronel, con el cual quedó definitivamente incorporado al Ejército Libertador del Sur.

Durante el verano de 1911 actuó como diplomático zapatista, tratando de limar las asperezas entre Emiliano Zapata y Francisco I. Madero. No lo logró, pero se mantuvo fiel a la causa suriana. En julio de 1912, cuando se encontraba desempeñando una comisión política del zapatismo, fue aprehendido y recluido a la penitenciaría del Distrito Federal, donde conoció a Francisco Villa que también había sido recluido ahí, enseñándole a leer y escribir, así también le explicó el Plan de Ayala y las ideas del agrarismo zapatista. Durante la lucha contra Victoriano Huerta, en 1913 y 1914, fue comisionado para negociar con los jefes constitucionalistas norteños el Plan de Ayala, siendo Gildardo Magaña un elemento clave en la unión entre Francisco Villa, y Emiliano Zapata. En octubre de 1914 fue delegado de Emiliano Zapata a la Convención de Aguascalientes, como integrante de la comisión del Ejército Libertador del Sur. Del 13 de marzo al 10 de junio de 1915, durante el gobierno de Roque González Garza fue nombrado gobernador del Distrito Federal. 

Del 2 de marzo al 5 de abril de 1916 fungió como ministro de gobernación en el Consejo de Gobierno de la Convención de Aguascalientes. En noviembre de 1916 fue uno de los fundadores del centro de Consulta para la Propaganda y la Unificación Revolucionaria, establecido para orientar a los pueblos vecinos sobre los principios del zapatismo. Desde 1917 fungió como jefe del Cuartel General de Tochimilco, Puebla, desde el cual trató de establecer alianzas con los otros movimientos revolucionarios y ganar simpatizadores, con el fin de hacer la causa zapatista una lucha nacional. En septiembre de 1917 fue ascendido a general de brigada, y al mando de sus fuerzas continuó combatiendo al gobierno carrancista en la zona limítrofe de los estados de Puebla y Morelos. Tras la muerte de Emiliano Zapata en abril de 1919, Magaña trató de mantener la organización del Ejército Libertador del Sur, para lo cual buscó reorientar y dominar políticamente a los jefes campesinos. El 4 de septiembre de 1919 fue electo sucesor de Zapata entre los cinco candidatos que se presentaron a la consideración de los principales jefes: en la terna estuvieron Maurilio Mejía, Genovevo de la O, Jesús Capistrán Yáñez, Timoteo Sánchez y por supuesto Gildardo Magaña Cerda, que fue el único que era ajeno al origen del campo morelense. En dicha junta firmaron un manifiesto declarando a Magaña jefe del Ejército Libertador del Sur y llamando a los revolucionarios a continuar la lucha en defensa de los postulados del Plan de Ayala.

En noviembre de 1919, debido al conflicto internacional con Estados Unidos suscitado por el secuestro del cónsul Jenkins, Magaña y otros jefes surianos aceptaron la amnistía del gobierno de Venustiano Carranza, pensando en ponerse en defensa de la nación que podía recibir una invasión norteamericana. En enero de 1920volvió a levantarse en armas, probablemente por sugerencia de Álvaro Obregón y poco después se adhirió al Plan de Agua Prieta. Al triunfo de éste el Ejército Libertador del Sur fue incorporado al Ejército Mexicano a través de dos divisiones. Magaña obtuvo el grado de Divisionario y obtuvo el mando de la Segunda División del Sur, pues Genovevo de la O se hizo de la primera. Además intervino como mediador para lograr la rendición de Francisco Villa, la cual se logró el 28 de junio de 1920.

Posteriormente fue comisionado como Jefe del Departamento de Colonias Agrícolas Militares. En 1923 influyó en la Confederación Nacional Agraria y organizó a los campesinos para combatir a los rebeldes delahuertistas. En 1935 fue designado Jefe de la 24ª. Zona Militar, en Michoacán, y más tarde Jefe de la 2ª Zona Militar en Baja California. En 1936 fue electo gobernador constitucional del estado de Michoacán. En 1939 participó como precandidato a la presidencia de la República.

Murió en la Ciudad de México, el 13 de diciembre de 1939, ocupando aún la gubernatura de Michoacán.

SAN VARTAN



Armenia,  dividida hoy entre Turquía, Rusia e Irán – aunque últimamente parece que todo ha cambiado – era un reino  más grande que España.

Los persas habían logrado casi una medio independencia. Pero, sin esperarlo, estalló una dura guerra en la que murió Vartan.

Hasta entonces, los armenios habían llevado más o menos bien el yugo que les oprimía. Pero todo cambió desde el instante en el que el conquistador les impuso por la fuerza la religión de Zaratustra.

Todos los edictos que salían de la pluma del “shad” eran para ellos muerte segura.

El rey no paraba de enviar magos para que intentaran convertirlos. Si embargo, no solamente no lo conseguían sino que, además, los echaban a golpes.

Un domingo se presentaron nada menos que ochocientos brujos con la única intención de que los cristianos no pudiesen celebrar la Misa. Invadieron la iglesia, tiraron la cruz por el suelo, pisotearon las imágenes y los insultaban sin más.

Los hechiceros estaban furiosos y acudían a la violencia para calmarlos y asustarlos. A muchos los arrestaron y otros muchos pudieron cruzar la frontera.

Cuando el “shad” se enteró de la rebeldía de los cristianos contra sus magos, dio órdenes de que se formara un gran ejército, unos 3000.000 soldados, mientras que el de los armenios apenas contaba con 60.000.

El comandante en jefe era Vartan Mamigonian. Como creyentes en Cristo Jesús, antes de que empezara la batalla, todos los valientes soldados recibieron la comunión. Era el 2 de junio del año 451.

Lucharon tan bien que parecía que iban a ganar, pero ante tanta diferencia de tropa, terminaron por sucumbir.

Todos los que cayeron, se les consideró mártires . 

lunes, 23 de febrero de 2015

EUGENIO AGUIRRE BENAVIDES



General Eugenio Aguirre Benavides fue un militar mexicano que participó en la Revolución mexicana.


Nació en Parras de la Fuente, Coahuila, el 6 de septiembre de1884. Fue hijo de Rafael Aguirre Valdés y Jovita Benavides Hernández. Sus hermanos Adrián Aguirre Benavides y Luis Aguirre Benavides también formaron parte importante en la Revolución. Participó en el movimiento maderista al lado de Antonio I. Villarreal y Cesáreo Castro. En 1912 luchó al lado de las fuerzas de Francisco I. Madero en contra de la sublevación de Pascual Orozco. En 1913, ante la usurpación del poder de Victoriano Huerta, se alió al constitucionalismo.

Formó parte de la Junta de Jefes Revolucionarios de Chihuahua y la Laguna que, en la Hacienda de la Loma designó al General Francisco Villa como Jefe de todas esas fuerzas, en septiembre de dicho año. Aguirre Benavides fue entonces nombrado Comandante de la Brigada Zaragoza; con ella participó en el ataque de Chihuahua de noviembre de 1913; en el Combate de Torreón y la Toma de Tlahualilo, ambos en marzo de 1914; en la Toma de Sacramento, al lado de las fuerzas de Rosalío Hernández; tuvo una destacada actuación en la toma de Torreón, de abril de 1914, combatiendo junto a Maclovio Herrera y José Isabel Robles; más tarde participó en las tomas de San Pedro de las Colonias y Paredón. Participó en la Toma de Zacatecas de junio de 1914, 

Habiendo firmado el mensaje en el que desconocía lo ordenado por Venustiano Carranza. Ante la escisión revolucionaria de 1914, y ya como General, continuó al lado de Francisco Villa. Fue delegado en la Convención de Aguascalientes y formó parte de su comisión de Guerra. Votó por el retiro de Venustiano Carranza como Primer Jefe y conferenció con él como comisionado de la Convención. Fue nombrado por Villa, Comandante del Ejército Convencionista y ocupó el cargo de Subsecretario de Guerra y Marina en el Gabinete de Eulalio Gutiérrez Ortiz, a quién acompañó en su peregrinar hacia el norte.

Según el investigador Francisco Ramos productor del video "La Batalla de El Ébano", a finales de 1914 entre el 23 y 24 de diciembre, persiguiendo a los carrancistas Manuel C. Larraga y César López de Lara, los villistas Eugenio Aguirre Benavides y Manuel Urbina tuvieron un encuentro en la población de El Ébano, San Luis Potosí y faltó poco para poder romper las líneas carrancistas y llegar al puerto de Tampico, pero en el momento que se retiraban los carrancistas hacia Tampico por falta de hombres, llegó el general Andrés Saucedo carrancista con 500 hombres que iban a Tampico desde la población de Pánuco, Veracruz; se encontraban a la altura de la estación Tamos, cuando oyeron cañonazos y se dirigieron a ese punto y de inmediato se pusieron a las ordenes de Larraga y Lara,


El general Aguirre Benavides estuvo a punto de romper la línea que protegía a Tampico antes de la famosa Batalla de El Ébano; de haberlo hecho, las tropas villistas hubieran tomado el puerto y tal vez el villismo hubiera ganado, porque tendría acceso a las compañías petroleras y al dinero que se generaba en la aduana.

A mediados de 1915 fue hecho prisionero en las cercanías de Los Aldamas, Nuevo León, por el Coronel Teódulo Ramírez, que militaba en las tropas del General Emilio Nafarrate. 


Murió fusilado el 2 de junio de 1915.